La clase privilegiada romana, organizaban
grandes banquetes. Julio César celebró el mayor banquete de la historia de Roma para conmemorar sus victorias en Oriente: invitó durante varias jornadas a más de 260.000 personas que comieron en 22.000 mesas.
Había en ellos derroche de fortunas, de alimentos y bebidas; y también, de emociones e impulsos carnales. Tan amantes del placer y de comer eran, que no podían (ni debían) dejar de comer, retirándose, a mitad de éstos festines, al vomitorium, en donde, excitándose la garganta con plumas de pavo real, devolvían lo comido para alivianar el vientre y poder continuar con los excesos. El emperador Claudio Albino (finales del siglo II) comió 500 higos, 100 melocotones, 10 melones, 48 ostras y dos kilos de uva en un lago desayuno.
Duraban entre ocho y diez horas y se prolongaban hasta momentos antes de amanecer, lo cual no parecería insólito en nuestros tiempos; pero hay que recordar, que estos hombres comían todo ese tiempo... ¡casi sin parar! No digo bebián, por que habrá más de uno que hará parecer al mismísimo Nerón, como un verdadero mentecato...
Había en ellos derroche de fortunas, de alimentos y bebidas; y también, de emociones e impulsos carnales. Tan amantes del placer y de comer eran, que no podían (ni debían) dejar de comer, retirándose, a mitad de éstos festines, al vomitorium, en donde, excitándose la garganta con plumas de pavo real, devolvían lo comido para alivianar el vientre y poder continuar con los excesos. El emperador Claudio Albino (finales del siglo II) comió 500 higos, 100 melocotones, 10 melones, 48 ostras y dos kilos de uva en un lago desayuno.
Duraban entre ocho y diez horas y se prolongaban hasta momentos antes de amanecer, lo cual no parecería insólito en nuestros tiempos; pero hay que recordar, que estos hombres comían todo ese tiempo... ¡casi sin parar! No digo bebián, por que habrá más de uno que hará parecer al mismísimo Nerón, como un verdadero mentecato...
Reglas de etiqueta en la Roma antigüa.
2.2 De la palabra anfitrión:
Anfitrión[1]
fue el Rey de Tirinto, y cuenta la leyenda que Zeus (Júpiter) sedujo a su
esposa Alcmena, aprovechando que éste se encontraba en el campo de batalla,
tomando la forma de general Anfitrión; se hace pasar por este adoptando
mágicamente sus rasgos y acompañado de Mercurio, disfrazado como su criado
Sosia, generando todo tipo de confusiones y enredos contra los verdaderos y
burlados personajes que suplantan. De esta relación nació Heracles (también
llamado Hércules).
Aunque el término parece que viene de los fabulosos banquetes que organizaba este Rey, otros autores no lo tienen tan claro y se decantan por otros orígenes, pues en aquella época grandes banquetes los daban muchas personalidades y gente de la clase alta.
Conocido el hecho del engaño de Zeus, Plauto (254-184 a .C.)
quiso reflejar este drama en una de sus obras, y fue el motivo principal de la
obra Anfitrión.
Posteriormente, allá por el año 1.668, Moliere (1.622-1.673), el gran dramaturgo francés recupera y adapta esta comedia de Plauto y es en la escena final donde se habla de un estupendo banquete.
En esa escena final, se representa un gran banquete, donde Socia, que era el mensajero del capitán Anfitrión, habla con su amo, o con el dios Zeus convertido en éste (el no sabía con quien estaba hablando). Como su mensajero de confianza, se le invita a sentarse a la mesa, a participar del banquete, y entonces dice esta frase: "le véritable Amphitryón est l`Amphitryon où l`on dine...", que podría traducirse como: "El verdadero Anfitrión, es el que invita a cenar".
El término cayó en gracia y, debido al uso popular de la palabra, pronto, "Amphitryon" se incorpora a la lengua francesa con el significado de: "El que invita a cenar". Al igual que ocurre con otras palabras, su uso se extiende poco a poco más allá de sus fronteras y llega, entre otros países de Europa, a España.
La primera edición del diccionario dela Real
Academia Española de la Lengua que recoge esta acepción es la edición de
1 869.
Aunque el término parece que viene de los fabulosos banquetes que organizaba este Rey, otros autores no lo tienen tan claro y se decantan por otros orígenes, pues en aquella época grandes banquetes los daban muchas personalidades y gente de la clase alta.
Conocido el hecho del engaño de Zeus, Plauto (254-
Posteriormente, allá por el año 1.668, Moliere (1.622-1.673), el gran dramaturgo francés recupera y adapta esta comedia de Plauto y es en la escena final donde se habla de un estupendo banquete.
En esa escena final, se representa un gran banquete, donde Socia, que era el mensajero del capitán Anfitrión, habla con su amo, o con el dios Zeus convertido en éste (el no sabía con quien estaba hablando). Como su mensajero de confianza, se le invita a sentarse a la mesa, a participar del banquete, y entonces dice esta frase: "le véritable Amphitryón est l`Amphitryon où l`on dine...", que podría traducirse como: "El verdadero Anfitrión, es el que invita a cenar".
El término cayó en gracia y, debido al uso popular de la palabra, pronto, "Amphitryon" se incorpora a la lengua francesa con el significado de: "El que invita a cenar". Al igual que ocurre con otras palabras, su uso se extiende poco a poco más allá de sus fronteras y llega, entre otros países de Europa, a España.
La primera edición del diccionario de
2.3 Del protocolo en el servicio:
Cuando la civilización helénica, que dio nacimiento a la filosofía griega, llegó a su fin, y la civilización romana, cargada de una exuberante prosperidad y amor por todo lo sensual comenzó a florecer, las rosas empezaron a ser consideradas como un artículo de máximo lujo. Previo a un banquete, los invitados después de tomar un baño se rociaban el cuerpo con aceite de rosas. Debido a que la gente se sentaba en posiciones reclinadas, la totalidad del techo interior era adornado con rosas para deleitar la vista, mientras alfombras de la bella flor cubrían el suelo y sus pétalos flotaban en las copas de vino.
Después de hechizar a los invitados con baños rebozados de agua y aceites esenciales de rosa, pétalos y aceite de la flor eran rociados desde el techo, sirviéndose luego vinos y postres cargados con la esencia de la preciada planta.
Cada comensal llevaba consigo un esclavo de confianza, joven y bello (puer ad pedes), el cual asistía al banquete, permaneciendo en continua espera de las órdenes de su amo y prestándole servicios humildes y desagradables. Un triclinarcha, experto en ceremonial, estaba encargado por el dueño de la casa de vigilar la ordenación del banquete.
2.4 De los cocineros romanos:
Cuando la civilización helénica, que dio nacimiento a la filosofía griega, llegó a su fin, y la civilización romana, cargada de una exuberante prosperidad y amor por todo lo sensual comenzó a florecer, las rosas empezaron a ser consideradas como un artículo de máximo lujo. Previo a un banquete, los invitados después de tomar un baño se rociaban el cuerpo con aceite de rosas. Debido a que la gente se sentaba en posiciones reclinadas, la totalidad del techo interior era adornado con rosas para deleitar la vista, mientras alfombras de la bella flor cubrían el suelo y sus pétalos flotaban en las copas de vino.
Después de hechizar a los invitados con baños rebozados de agua y aceites esenciales de rosa, pétalos y aceite de la flor eran rociados desde el techo, sirviéndose luego vinos y postres cargados con la esencia de la preciada planta.
Cada comensal llevaba consigo un esclavo de confianza, joven y bello (puer ad pedes), el cual asistía al banquete, permaneciendo en continua espera de las órdenes de su amo y prestándole servicios humildes y desagradables. Un triclinarcha, experto en ceremonial, estaba encargado por el dueño de la casa de vigilar la ordenación del banquete.
A los invitados se les reservaba un aposento especial: el “triclino”, donde podían reclinarse para comer acostados, posando uno de sus codos, el del brazo izquierdo apoyado en un cojín, dejando la otra mano libre para alcanzar las viandas; y posando los pies sobre el mueble, vueltos hacia la derecha .
La mesa, en que se servía a los comensales, era redonda llamada “repositorium”. ; ahí eran puestos los manjares en platos de cerámica,plata oro o murra (platina, patella, o si era hondo, catinus) y las Inargentate Supellectiles, es decir, los cubiertos; así como el recipiente con vino (oenophorus), el del agua caliente (caldarium) y la crátera (creterra); ya que los romanos tomaban el vino mezclado con agua y caliente en este último recipiente y vaciado en otro pequeño, de largo mango, llamdo cyathus.; del cual se repartía en las copas de los presentes.
También se disponía del salero (salinum) y de la botella del vinagre (acetabulum).
Fue en el año 100 d.C, cuando la mesa se cubrió con el mantel (mantele). La servilleta (mappa) era suministrada por el anfitrión, pero algunos llevaban consigo una propia.
El comensal debe comer con los dedos o usando las ligulae (cucharas) y el culter, un gran cuchillo que se colocaba en el centro de la mesa. Los tenedores, de grandes dimensiones, se usaban sólo en la cocina. Las buenas maneras indicaban en aquel tiempo, comer con la punta de los dedos, procurando no ensuciarse mucho las manos y menos la cara.
Los esclavos más bellos escanciaban el vino (ministri, pueri a cyatho) o cortaban los manjares, poniendo también cuidado en cumplir su oficio con gestos graciosos. Iban vestidos con trajes de colores variados y vivos, y llevaban los cabellos largos y ensortijados. Otros secundarios y más groseros, se cubrían con toscos vestidos, y llevaban los cabellos afeitados, que habían de recoger y llevarse los restos tirados por los comensales debajo de la mesa.
La comida solía ser amenizada con música o exhibiciones de bailarines y "artístas" que amenizaban con varias suertes a los presentes. También se jugaban azares antes del postre.
Los comensales se podían servir a su voluntad y así mismo podían llevarse a casa los restos de comida que habían sobrado del banquete.
La mesa, en que se servía a los comensales, era redonda llamada “repositorium”. ; ahí eran puestos los manjares en platos de cerámica,plata oro o murra (platina, patella, o si era hondo, catinus) y las Inargentate Supellectiles, es decir, los cubiertos; así como el recipiente con vino (oenophorus), el del agua caliente (caldarium) y la crátera (creterra); ya que los romanos tomaban el vino mezclado con agua y caliente en este último recipiente y vaciado en otro pequeño, de largo mango, llamdo cyathus.; del cual se repartía en las copas de los presentes.
También se disponía del salero (salinum) y de la botella del vinagre (acetabulum).
Fue en el año 100 d.C, cuando la mesa se cubrió con el mantel (mantele). La servilleta (mappa) era suministrada por el anfitrión, pero algunos llevaban consigo una propia.
El comensal debe comer con los dedos o usando las ligulae (cucharas) y el culter, un gran cuchillo que se colocaba en el centro de la mesa. Los tenedores, de grandes dimensiones, se usaban sólo en la cocina. Las buenas maneras indicaban en aquel tiempo, comer con la punta de los dedos, procurando no ensuciarse mucho las manos y menos la cara.
Los esclavos más bellos escanciaban el vino (ministri, pueri a cyatho) o cortaban los manjares, poniendo también cuidado en cumplir su oficio con gestos graciosos. Iban vestidos con trajes de colores variados y vivos, y llevaban los cabellos largos y ensortijados. Otros secundarios y más groseros, se cubrían con toscos vestidos, y llevaban los cabellos afeitados, que habían de recoger y llevarse los restos tirados por los comensales debajo de la mesa.
Mosaico romano sobre el banquete.
La comida solía ser amenizada con música o exhibiciones de bailarines y "artístas" que amenizaban con varias suertes a los presentes. También se jugaban azares antes del postre.
Los comensales se podían servir a su voluntad y así mismo podían llevarse a casa los restos de comida que habían sobrado del banquete.
2.4 De los cocineros romanos:
Dos grandes cocineros romanos
fueron Lúpulo y Apicio. Del primero se cuenta que gastaba fortunas buscando manjares
extravagantes y alcanzó la máxima celebridad con la frase: "Lúpulo hoy
come en casa de Lúpulo" dando a entender a su mayordomo que no hacían
falta invitados para comer bien. El segundo, Caelio Apicio, es un referente para la historia de la gastronomía, pues escribió el libro de cocina más antiguo, De Re Coquinaria -Sobre el Arte Culinario- en el siglo III dC.
2.5 De lo que comían y bebían:
Jesús Ferrerro leé un fragmento de la obra el Satiricon.
Había en el banquete tres tiempos:
1) El gustus o gustatio, entremeses, formados de manjares ligeros y propios para estimular el apetito; en él se bebía el mulsum, brebaje de vino y miel. Plato de cajón era el huevo.
2)
Cena propiamente dicha (de varios platos, dada uno de los cuales era llamado
Ferculum o cena; por lo tanto: prima, secunda, tertia cena), durante la cual se
bebía el vino.
3) Secundae mensae (los postres), que en los grandes banquetes se convertían en un simposio, llamado comissatio; en ella se comían cosas picantes o secas, que excitaban la sed, y se bebía copiosamente. Entre la cena y las secundae mesae se traían y se colocaban sobre la mesa las estatuillas de los lares; entonces se hacían libaciones, pronunciando palabras de buen augurio.
Finalmente con los postres (secundae mensae) se invitaba a los presentes a trasladarse de lugar para degustar el vino, con lo que se iniciaba la commissattio o borrachera.
En los banquetes romanos, masculinos por cierto, se desarrolló el arte de los besos y poemas que son exaltados por Petronio, autor del Satiricón. El placer erótico era parte de la cultura, junto al buen comer y beber, al placer de la creación poética, y todo ello se conjugaba en el momento de los banquetes, donde hombres y mancebos ensayan formas de complacerse y de alargar su goce.
Orgías y banquetes pantagruélicos eran escenario de una sexualidad sin tapujos tal y como nos ilustran de forma tan cruda las pinturas de Pompeya, Herculano y Stabia.
Imagenes de arte, relacionado con la homosexualidad
en los banquetes, de la Roma antigüa.
Actividad programada 2.
Revisa todo el material anterior y elabora un mapa conceptual sobre los banquetes en la Roma antigüa.
Check List:
Se evaluará en el mapa:
1. Cómo se ligaron los conceptos desarrollados
2. Cómo se expusieron esos conceptos (justificación y orden en apego a la teoría)
3. Claridad del mapa
4. Ortografía
5. Creatividad
Extención: no mayor a una cuartilla (carta).
Valor porcentual en la segunda evaluación: 20/100 %
Fecha de vencimiento de la actividad: Domingo 24 de febrero de 2013, antes de las 11 p.m.
Hacer a mano. Fotografíar o escanear (formato legible). Enviar por e-mail o facebook; o,
Hacer en computadora. Bajar el sofwere desde el enlace o de internet. Enviar vía electrónica.
Hacer en computadora. Bajar el sofwere desde el enlace o de internet. Enviar vía electrónica.
¿Qué es un mapa conceptual?
[1] Según el
diccionario de la Real
Academia Española de la lengua, define anfitrión como: (De
Anfitrión, rey de Tebas, espléndido en sus banquetes). 1. Persona o entidad que
recibe en su país o en su sede habitual a invitados o visitantes. 2. Persona
que tiene invitados a su mesa o a su casa.



